Los once pueblos que en la actualidad engloba el municipio de Estépar: Pedrosa de Muñó, Arenillas de Muñó, Mazuelo de Muñó, Quintanilla Somuñó, Arroyo de Muñó, Villavieja de Muñó, Estépar, Vilviestre de Muñó, Medinilla de la Dehesa, Villagutiérrez y Hormaza (que formó parte más tarde de Muñó), están situados en el corazón de lo que en su día se llamó el Alfoz de Muñó, o Campo de Muñó, o Candemuñó. Comarca integrada en el condado de Castilla.
Si pretendemos entender la historia de estos pueblos hay que hacer un esfuerzo importante para imaginarse lo que debió de ser, ya que además del tiempo transcurrido, la inexistencia de vestigios palpables (como es el caso de la propia ciudad de Muñó, que hoy en día no existe, o su castillo, del que no queda nada en pie) complica la comprensión de su devenir, pero siempre merece la pena conocer el pasado para discernir mejor nuestro presente.
Se da por buena la fecha del 860 para indicar el proceso repoblador de la tierra burgalesa y entre ella la del Can de Muñó. El nombre de Muñó se debe al conde de Castilla Munio Núñez, que en el año 883 había fortificado Castrojeriz, (en el 884 Diego Porcelos fundó Burgos) y muy poco después Munio Núñez se apresura a levantar la fortaleza de Muñó para afianzar las posiciones cristianas desde el Arlanzón.
A lo largo del siglo X se fue intensificando la repoblación y fueron fundadas muchas aldeas y ciudades y otras muchas recobraron vida. Primero llegaron de las montañas del norte (cuya afluencia fue más copiosa, procedentes de las montañas de Cantabria, de Álava, de las Merindades y de las vascongadas) y después del avance hasta el Duero en la segunda década del siglo X, vino la gran oleada de repobladores mozárabes (procedentes de Córdoba y Toledo), personas en su mayoría cristianas que huían acuciadas por las persecuciones árabes y también respondiendo a la oferta ventajosa del Rey Alfonso III a los repobladores, que promulgó leyes para animar a los mozárabes a trasladarse a su reino. Todos ellos traían un espíritu creador, un impulso emprendedor, fecundo, y así transmitieron un carácter peculiar a las gentes dispuestas a realizar algo nuevo. Estos inmigrantes, como tantos otros, dejarán su huella inconfundible en la toponimia de las tierras rescatadas y en la nomenclatura de los nuevos poblados.
Por supuesto la Iglesia jugó un papel importante en la configuración del Can de Muñó. Así surgieron diferentes monasterios, hoy desaparecidos, que pudieron ser o fueron origen de núcleos de población. Asimismo el obispado de Muñó existió durante el último cuarto del siglo X y la primera mitad del XI.
El gran despegue económico y la importancia política que alcanzó Muñó en los siglos XII y XIII se evidencia en la renovación de su patrimonio arquitectónico religioso. Se levantaron en esta época impresionantes fábricas románicas, aún conservadas en buena parte, como la iglesia de San Adrián de Villavieja de Muñó, una fábrica de las más primitivas de la provincia burgalesa y que recuerda a los más antiguos edificios románicos de la provincia de Palencia. El templo románico mudéjar de la iglesia de San Cosme y San Damián de Medinilla de la Dehesa nos muestra la singularidad de este estilo escaso en la provincia de Burgos. La portada románica de la iglesia de Hormaza con sus arquivoltas historiadas nos embelesa por la belleza de su ejecución. Perduran además numerosos testimonios menores románicos en todos los templos del municipio aunque ya en esta época comienzan a construirse otros muchos templos tardorrománicos, protogóticos y góticos.
Durante los años de la Baja Edad Media, la crisis se dejó sentir en estos campos. Fue en 1332, en el reinado de Alfonso XI, cuando Muñó y las villas de su Merindad pasaron a formar parte del Señorío de la ciudad de Burgos, y quedó minimizado el Fuero por el que anteriormente se regía, que otorgaba un notable autogobierno a la zona. Desde entonces, el Concejo burgense nombró alcaides del Castillo de Muñó. El fin de Muñó estaba sentenciado.
Las familias que poseyeron tierras o derechos en esta zona entre 1300 y 1500 como los Rojas, así como la nueva clase de mercaderes emergente gracias al comercio con el norte, logró también una gran trascendencia en Muñó, mediante la compra de tierras y derechos y la construcción de torres y casas palacio, como muestra los que hoy en día perduran en Hormaza, Mazuelo de Muñó y Arenillas de Muñó.
CASTILLO DE MUÑÓ
Al contrario que en el caso de otras fortalezas, no sabemos mucho de la historia de este castillo. Según algunas fuentes, en este castillo tuvo lugar, a principios del siglo XII, el matrimonio entre la reina Urraca de León y Alfonso I de Aragón (el Batallador). El enlace levantó no pocas ampollas entre los diversos grupos de poder del reino. Incluso hay una leyenda que habla de una maldición de un monje sobre la pareja (que en efecto nunca disfrutó de una relación placentera), que abarcó su extensión hacia el propio castillo. Bonifacio Zamora glosaba:
“Del
castillo de Muñó
solo quedan en la altura,
para recuerdo, unas ruinas
sobre la tierra insepultas.
Como si la maldición
del monje hubiera, una a una,
pulverizado sus torres,
muros y piedras vetustas.”
Ya en siglo XIII vive el castillo un periodo turbulento, cuando es tomado por la familia de los Lara, aliados de los independentistas de León, y luego recuperado por Fernando III el Santo, que pasó largas temporadas en el mismo. Pasó a depender al menos desde el siglo XIV de la ciudad de Burgos, que de hecho se hizo con gran parte de los castillos cercanos a la capital para controlar el flujo comercial.
Burgos reformó el castillo para hacerlo más habitable y nombraba alcaldes en el mismo, pero el castillo fue tomado por Sancho de Rojas (propietarios de la casa fuerte de Cabia) hacia 1470. Los Reyes Católicos, aunque en un principio le conminaron a devolverlo, finalmente le ratificaron la propiedad, posiblemente en recompensa por algún apoyo militar. De hecho los Rojas tuvieron desde antes disputas con Burgos relacionadas con el trasiego de mercancías en el camino a Valladolid.
Se sabe que ya hacia 1520 estaba en lamentable estado. Una copla popular decía:
“Castillo
de Muñó
¿quién te derribó?
Bocanegra el de Burgos
Que pudo más que yo”
Aunque bien es cierto que se puede leer dicha copla aplicada al castillo de Lara.
En el libro de Isidro Gil, «Memorias históricas de Burgos y Provincia», escrito en 1913, se recoge la existencia de restos de muros, línea de trazado y restos de sótanos hundidos, usados por los pueblos vecinos como cantera en busca de los mejores sillares. http://tierrasdeburgos.blogspot.com.es/2011/02/el-castillo-de-muno.html
BIBLIOGRAFÍA:
El Alfoz de Muñó: una comarca surgida en la época de la Repoblación de D. BRAULIO VALDIVIELSO AUSÍN
